Al finalizar la guerra del 50 en la península coreana gravitó sobre sus pobladores una acuciante pregunta sobre el nuevo espacio que les tocaba vivir y la identidad afectada de la que no podían escapar. Para los personajes del libro La familia de Abe, responderla implica una terrible confrontación con el pasado y con un presente que los arroja en medio del desarraigo, el infortunio, y solo les permite contemplar sus ciudades sumergidas, añorando a los desaparecidos, buscando reconocerse en aquella ausencia.